viernes, 29 de noviembre de 2013

Treinta.

A pesar de que todo ha cambiado, gracias por aquel pasado, en cuyo presente fui lo más feliz que podría haber sido ahora en un futuro.
Es impresionante la mella que el tiempo puede hacer en una persona. O quizás fue este quien erosionó las capas de mentiras hasta dejar al aire la más cruel realidad.
Y es que he llegado a un punto en el que me planteo cuánto tiempo fue verdad lo que sucedía o tan solo una ilusión, y por qué demonios pretenden que la culpa recaiga en mi. Te dejan por motivos X (los cuales carecen de lógica alguna), y te tratan con un desprecio superior al que nunca te habían dedicado. Te hacen sentir una cucaracha nauseabunda, y sin valía alguna, ni para esa persona ni para nadie. Te hunde. Y de la noche a la mañana, después de haber pasado por la cama de tantas personas como ha querido, vuelve hacia a ti, con la intención de hacerte suya, primeramente bajo chantajes y consecuentemente con mimos, detalles o romanticismo. Falso todo, creo yo. Y ¿cuál es el maldito fin de todo esto? Bueno, pues por amor propio o por pura lógica, te niegas. Te niegas a vender tu cuerpo, a aceptar pasar tiempo con una persona que te ha demostrado su bipolaridad. Y eso sin tener en cuenta que mientras se deshace en elogios contigo, pasa las tardes con otra, y por las noches hace planes con una persona diferente. Juega contigo. Lo triste es que te da pena, o le sigues queriendo, o un poco de todo. Es que no lo sabes, solo entiendes que las cosas no pueden seguir por ese cauce. Porque tu río se desborda.
Y cuando se arrepiente de verdad (si es que hay algo de verdad en esta historia), recurre al victimismo,  y habla con todas las personas humanamente posibles de tu alrededor para tratar de convencerte de que verdaderamente te quiere. Y así es cómo tú quedas de mala. Ah, pero no debemos olvidarnos de que si, eres sincera y explicas como te sientes, volverá a recurrir a su maestría con la bipolaridad, atacará tus puntos débiles, y la mayoría dictaminaran que tú eres la culpable de cualquier decisión que esa persona tome. Porque eres tú quien le ha rechazado por última vez (cuando, me reitero, sigue quedando con otras personas con total libertad), así que mientras esa persona esta exculpada, tú te comes el marrón. Por otro lado, has de reconocer que esa persona te hizo feliz durante mucho tiempo, por lo que siempre estarás agradecida. El tiempo lo cambia todo, y aunque no siga siendo la misma, le seguirás queriendo no por lo que es, si no por lo que fue para ti.
De todas formas, no te mereces ser tratada como una persona egoísta, prepotente ni cualquier calificativo peyorativo que se te asigne por el mero hecho de tener un poco de amor propio.
Pura lógica.
Puras mentiras.




Escribo esto en un momento de liberación emocional. A pesar de todo lo que pase, nunca le desaría el mal a nadie, y por mucho que las personas se equivoquen, se merecen una segunda oportunidad ¿no?

viernes, 1 de noviembre de 2013

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Que ya sé que eso de arrepentirse de tu pasado no está del todo bien, puesto que en el momento que lo hiciste pensabas que era lo correcto. Lo sé, siempre lo he dicho. Pero llega un momento en que echas la vista atrás y recapacitas. Y cuando no ves el horizonte, entonces es cuando te das cuenta que tienes que apartar las nubes de tu camino.