sábado, 26 de octubre de 2013

Se acabó.

La gente cambia, la vida avanza, el reloj da las doce y los árboles mudan su piel. Y yo estoy aquí, en mi habitación, de nuevo con muchas cosas que decir y poca idea de cómo empezar. Así como síntesis, estaría bien decir que el amor es un asco. Aunque no sea del todo cierto.
Sí, estuve enamorada, durante mucho tiempo, de una misma persona, y son estas malas experiencias las que provocan en mi deseos de no volver a sentir esas malditas mariposas en el estómago. No le fue difícil olvidarme, a lo sumo una semana, o dos, exagerando. Aunque eso es fácil de comprender teniendo en cuenta que no fui yo quien acabó con la relación. Siempre fui de las que piensan que debes estar con alguien que te acepte tal y como eres, con tus defectos y tus virtudes y no pretenda cambiarte, sino aprender a convivir con tus manías. Bueno, pues por una vez fui firme, alejé de mi toda manipulación y recibí mi resultado. La soledad. Al principio uno no se encuentra bien, como es obvio, demasiados cambios a los que acostumbrarse, demasiados recuerdos que tanto pesan sobre tu cabeza, canciones, olores... Pero luego, a la par que observas como evoluciona esa persona, en otra completamente distinta que no conocías(o quizás en quién era en realidad)  te vas dando cuenta de que todo eso no es para ti. O de que quizás  la culpa es tuya. O de que ese no es tu destino. O de que... pero basta ya. Basta ya de malgastar el tiempo pensando en cosas que son pasado. Porque mientras tú lees esto, el está besando a otra, y diciéndole las mismas palabras bonitas que te decía a ti. Así que se acabó. Basta ya de tanta farsa inmunda y de falsas esperanzas. BASTA YA DE HIPOCRESÍA. Ni punto final, ni aparte, ni punto y coma. Se quema el libro. Se esparcen las cenizas. Se guardan los recuerdos y se sigue hacia delante. Y ahora sí, punto.

domingo, 20 de octubre de 2013

Como el agua y el aceite.

Y resbaló, recorrió mejillas, labios y se precipitó al vació, en un intento de encontrarse con sus hermanas, las que antes habían sido derramadas. Humedeció todo su camino, y llena de tristeza terminó evaporándose en el aire. Tal y como los sueños lo hacen. Se evaporan, en una tarde de otoño, a la par que los árboles mudan sus ropajes, y el suelo se arropa con hojas secas. Y el viento, ese que por la noche susurra en tu ventana, lleva consigo tristezas, alegrías, llantos, risas, y las deposita en otro lugar, para que alguien las sienta, las viva, las experimente. Y te preguntas por qué tu viento es frío, gélido, glacial, y tan solo deposita en tu mano lágrimas y hojarasca, permitiéndote vivir de nuevo sensaciones que quisieras olvidar. Pero, ¿por qué no? Sientes el aire helado deslizarse entre tus dedos, y un copo de nieve se arroja a tus manos, pidiéndote que le protejas, y que en su último aliento le permitas desaparecer con un leve soplido caldeado, fundirse en tu poder y arrojarse a las profundidades, donde renacerán las flores. Aquellas de tonos rosados que cubren la superficie del suelo que pisas, sobre el que creces, en las que se albergan las esperanzas de las abejas, la fragancia del amor. Y poco a poco los árboles dan a luz sus frutos, llenos de esperanza y vida, y el cielo encapotado deja paso a un sol ardiente. Y lo miras fijamente, y finalmente te das cuenta, que no vale la pena humedecer mas caminos, ni permitir que más hermanas recorran tus mejillas.






''Como el agua y el aceite,  una mezcla heterogénea en un mismo recipiente.''

viernes, 4 de octubre de 2013

My heart is broken, all my scars are open-

A lo largo de tu vida te acostumbras a ciertos momentos, sensaciones, gestos, personas, y no te paras a pensar qué pasará cuando esa persona deje de formar parte de tu vida, puesto que en parte impediría que aprovecharas el tiempo con ella. Cuando crees conocer a alguien y pasar los mejores meses a su lado, de repente te sorprende y se convierte en una persona distinta. Y no sabes cómo actuar, porque no estás acostumbrada a ese tipo de situación, de sensación, de gesto. No estás acostumbrada a esa nueva persona que creías conocer. Y titubeas. Y sabes que dejando todo eso atrás estarías mejor, pero los recuerdos se cuelan en tu mente como dagas en el corazón, y te invade el sentimiento de culpabilidad poro el 'qué debería haber hecho'. Y estás bien, pero el mínimo detalle sirve para desequilibrar tu estado de ánimo. Te sientes frágil, te sientes rota, porque no tendrás a alguien que te acompañe durante el camino. Al menos, no por ahora. Y sientes rabia, por el daño que te ha hecho, pero sabes que no solo fue eso, daño, sino que también te hizo feliz, compartió su corazón y te demostró que le importabas. Dejaste en su piel una marca permanente. Ahora, solo te queda recordar con alegría los grandes momentos que esa persona te ha dado, y poco a poco, pasar página y cerrar el libro.