domingo, 20 de octubre de 2013

Como el agua y el aceite.

Y resbaló, recorrió mejillas, labios y se precipitó al vació, en un intento de encontrarse con sus hermanas, las que antes habían sido derramadas. Humedeció todo su camino, y llena de tristeza terminó evaporándose en el aire. Tal y como los sueños lo hacen. Se evaporan, en una tarde de otoño, a la par que los árboles mudan sus ropajes, y el suelo se arropa con hojas secas. Y el viento, ese que por la noche susurra en tu ventana, lleva consigo tristezas, alegrías, llantos, risas, y las deposita en otro lugar, para que alguien las sienta, las viva, las experimente. Y te preguntas por qué tu viento es frío, gélido, glacial, y tan solo deposita en tu mano lágrimas y hojarasca, permitiéndote vivir de nuevo sensaciones que quisieras olvidar. Pero, ¿por qué no? Sientes el aire helado deslizarse entre tus dedos, y un copo de nieve se arroja a tus manos, pidiéndote que le protejas, y que en su último aliento le permitas desaparecer con un leve soplido caldeado, fundirse en tu poder y arrojarse a las profundidades, donde renacerán las flores. Aquellas de tonos rosados que cubren la superficie del suelo que pisas, sobre el que creces, en las que se albergan las esperanzas de las abejas, la fragancia del amor. Y poco a poco los árboles dan a luz sus frutos, llenos de esperanza y vida, y el cielo encapotado deja paso a un sol ardiente. Y lo miras fijamente, y finalmente te das cuenta, que no vale la pena humedecer mas caminos, ni permitir que más hermanas recorran tus mejillas.






''Como el agua y el aceite,  una mezcla heterogénea en un mismo recipiente.''

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