Sí, estuve enamorada, durante mucho tiempo, de una misma persona, y son estas malas experiencias las que provocan en mi deseos de no volver a sentir esas malditas mariposas en el estómago. No le fue difícil olvidarme, a lo sumo una semana, o dos, exagerando. Aunque eso es fácil de comprender teniendo en cuenta que no fui yo quien acabó con la relación. Siempre fui de las que piensan que debes estar con alguien que te acepte tal y como eres, con tus defectos y tus virtudes y no pretenda cambiarte, sino aprender a convivir con tus manías. Bueno, pues por una vez fui firme, alejé de mi toda manipulación y recibí mi resultado. La soledad. Al principio uno no se encuentra bien, como es obvio, demasiados cambios a los que acostumbrarse, demasiados recuerdos que tanto pesan sobre tu cabeza, canciones, olores... Pero luego, a la par que observas como evoluciona esa persona, en otra completamente distinta que no conocías(o quizás en quién era en realidad) te vas dando cuenta de que todo eso no es para ti. O de que quizás la culpa es tuya. O de que ese no es tu destino. O de que... pero basta ya. Basta ya de malgastar el tiempo pensando en cosas que son pasado. Porque mientras tú lees esto, el está besando a otra, y diciéndole las mismas palabras bonitas que te decía a ti. Así que se acabó. Basta ya de tanta farsa inmunda y de falsas esperanzas. BASTA YA DE HIPOCRESÍA. Ni punto final, ni aparte, ni punto y coma. Se quema el libro. Se esparcen las cenizas. Se guardan los recuerdos y se sigue hacia delante. Y ahora sí, punto.
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