miércoles, 22 de agosto de 2012

Love me tender.


La noche estaba oscura y fuera hacía frío. La lluvia repiqueteaba en las ventanas y las ramas golpeaban los cristales a causa del viento. Yo, entre mis mantas alcancé a distinguir un bulto entre las sábanas muy cercano a mi. Era él. Miré el reloj y vi que eran las seis de la mañana aún. No sabía muy bien porqué, pero me había desvelado y estaba segura de que no volvería a conciliar el sueño. Me levanté, con cuidado de no despertarle, y agarré un taburete donde colocábamos la ropa. Lo coloqué justo delante de él, y las horas siguientes las dediqué a admirar su perfecto rostro y cómo dormía. La luz de la luna le iluminaba y eso hacía que pareciera más perfecto aún. Cada uno de sus gestos, su simple respirar, hacia que poco a poco me fuera volviendo más loca por él. Fue entonces cuando oí un ruido en la habitación contigua. No quise levantarme, pensé que quizás hubiera sido el viento. Pero entonces, se abrió la puerta de la estancia donde nos encontrábamos y dos sombras en la oscuridad entraron y se abalanzaron sobre mi. ''¡¡Mami,mami!!'' -gritaron- ''¡Los regalos! ¡Ya han venido los reyes!'' Entonces, uno de ellos, corrió y se abalanzo sobre él, que dormía plácidamente en la cama. Se levantó sobresaltado y abrazó a Enzo. Besé a Carmen en la frente y nos dirigimos los cuatro al salón. Un árbol de Navidad decorado con guirnaldas cuidaba de los regalos que se encontraban en el suelo. Rápidamente los niños corrieron a abrirlos mientras su padre y yo, abrazamos, mirábamos sonrientes como nuestros hijos se alegraban enormemente por recibir aquellos regalos por ese día tan especial. Le besé con lágrimas en los ojos, no pude contener la emoción. Y ambos lloramos de alegría por ese momento tan feliz que nunca acabaría...
Me levanté de golpe. No sabía si lo que acababa de ocurrir era ficción o realidad. Encendí la luz a tientas en la habitación, y me destapé. Me encaminé hasta el espejo y miré mi rostro. Fue entonces cuando me di cuenta de que había estado llorando, y mis ojos estaban húmedos. Sin saber por qué, apagué la luz de nuevo y abrí la ventana para que la luz de la luna me iluminara. Me tumbé sobre la cama a pensar en lo que había pasado. Miré en derredor y en aquella habitación, desgraciadamente, solo estaba yo. Recordé lo que había soñado y esta vez, conscientemente, lloré de ganas y de felicidad de que eso pasara.
Cogí mi móvil y miré la hora. Eran las seis de la mañana. No quería arriesgarme a despertarle pero necesitaba hacerlo. Escribí un mensaje y vacilé si darle a enviar o no. Finalmente me decidí y se lo envié. ''Te amo mi vida, eres lo mejor que he tenido tengo y tendré'' ponía el mensaje. Espere unos minutos, antes de dormirme, y un pitido anunció que yo también había recibido uno. ''Y yo mi amor, lo sabes, te amo más que a nada ni nadie, y sabes que quiero toda una vida junto a ti''.
Ya estaba todo. Era lo único que necesitaba para ser feliz. Continué leyendo esas palabras hasta que me quedé dormida formando un bulto sobre la cama al que solo iluminaba la luz de la luna.


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